6. Ecos del Eclipse
Mariel
El sueño me envuelve antes de darme cuenta. No es un descanso común: es como si una mano me llevara a través de un velo de sombras.
Estoy en medio de un campo abierto. La luna no es redonda ni partida, es un ojo rojo que me observa desde lo alto. Las estrellas tiemblan, relucen, viven palpitantes en el firmamento.
Bajo esa luz, veo lobos. Decenas. Cientos. De pelajes grises, negros, blancos. Y entre ellos, una figura diferente: un lobo rojizo. Mi piel se eriza. Sé que soy yo. ¿Qué hago a