ESTHER
—¡Dime la verdad, Alaric! —le grité, sin poder contener la desesperación en mi voz.
No podía seguir con esta incertidumbre, con la sensación de que algo más grande estaba ocurriendo y él lo sabía. Su silencio, su mirada tensa, la forma en la que me protegía sin querer decirme por qué… todo me estaba volviendo loca.
Alaric me miró con intensidad, como si estuviera debatiéndose internamente. Sabía que estaba a punto de hablar, de darme las respuestas que tanto necesitaba. Pero antes de que