IGOR
El crujido del techo me estremeció hasta los huesos. La cueva se sacudió como si estuviera a punto de tragarnos vivos.
Sin pensarlo, me arrojé sobre Chelsy, protegiéndola con mi cuerpo.
—¡No te muevas! —le ordené, sintiendo el polvo y los escombros caer a nuestro alrededor. Ella temblaba. Podía escuchar su respiración entrecortada, sus latidos desbocados.
—Igor… —Su voz era apenas un susurro, cargado de dolor.
La miré, su rostro estaba surcado de lágrimas.
—Lo siento… —dijo con un hilo de