Mundo ficciónIniciar sesiónNegándose a soltarla, él la mantuvo presa en sus brazos musculosos. Tocándole la nuca, recostó el rostro de Justine en su pecho rígido mientras suspiraba.
Cerrando los ojos, ella sintió la caricia en la parte alta de la cabeza. Aquel era el hombre del que ella se enamoró años atrás. —No se preocupe por Beatrice... —El barítono aterciopelado intentó calmar su corazón agitado. —Por favor, no deje que ella mande a mi hijo a un internado. —Ella levantó el rostro. Kevin sujetó su mentón entre el pulgar y el índice, sintiendo la suavidad de su piel. Con el cuerpo presionado contra el de ella, deslizó la otra mano sobre sus hombros hasta llegar a la base de su cuello, donde la acarició. —¿Por qué me mintió otra vez? Las pestañas claras de Justine temblaban bajo unos ojos dorados que seguían presos en los de él. —No sé de qué está hablando. —Ella bajó el rostro, interrumpiendo el contacto visual. Los dedos de Kevin se hundieron en sus mejillas delicadamente y levantaron su mentón, obligándola a encararlo. —Le pregunté dónde estuvo el día en que estuvo fuera del hospital el día entero y me engañó otra vez. —La voz ronca estaba suave cuando indagó, sin embargo, firme. Despacio, él se inclinó antes de susurrar muy cerca de su oído. —No me mienta otra vez... —Después de pedirlo, tiró del lóbulo de su oreja entre sus dientes. Sus piernas flaquearon por un momento, pero cuando los brazos de él se aflojaron, Justine se puso de espaldas, interrumpiendo el contacto visual. —Estamos separados y no le debo explicaciones de mi vida. —Intentó alejarse. En un abrir y cerrar de ojos, las manos de Kevin, más largas que un día sin pan, sujetaron con fuerza su cintura y la atrajeron hacia él. —¡Usted es la madre de mi hijo y necesito saber si Bryan está seguro con usted! —La respiración estaba entrecortada por la intensidad del momento. Justine solo quería salir de ahí para evitar las sensaciones de las que, hacía tiempo, ella se había despojado. —Por favor, suélteme, alguien puede entrar... Kevin parecía no escuchar a su exmujer. Volteándola hacia sí, le echó el cabello hacia atrás de los hombros. Las puntas de sus dedos rozaron levemente su rostro mientras le ponía su cabello hacia atrás. La palma de la mano larga paseó por su cara, recorriendo un camino lento hasta pasar por la base de su cuello. El aliento del señor Harrison acariciaba su piel cuando él se inclinó y deslizó los labios por su cuello. —Solo diga la verdad, Justine. —El susurro sensual entró en sus oídos. Un escalofrío se esparció por su cuerpo. Las embestidas del CEO rompían su resistencia. —Muchas cosas pasaron después de que me robaron. Cerrando los ojos con fuerza, Kevin sintió la furia invadirlo. Frunció el ceño al recordar al grandulón que agredió a Justine. El pensamiento sombrío hizo que Kevin la soltara. Abrió los ojos y se pasó la mano conforme la encaraba con los ojos entrecerrados. —¿Qué pasó cuando aquel tipo la tiró dentro del carro? —inquirió, exasperado. —¡Vamos, cuente de una vez! —exigió. Abrazándose a sí misma, ella se frotó los propios brazos. No había dudas de que Kevin ya sabía todo. Justine examinó la mano de él y notó que ya no usaba la argolla de compromiso. Indignado con el silencio de su exesposa, Kevin se apartó y se fue a otra esquina. Por el cristal de la ventana, contempló la expresión confusa de Justine. —¿Aquel hombre la violó? —La pregunta rompió el silencio. —¡No, claro que no! —respondió ella, enrojeciendo. —Me ahorcó y me robó el bolso. Por una fracción de segundos, Kevin deseó acunarla en sus brazos otra vez, pero cerró los puños al lado del cuerpo mientras la miraba sobre los hombros. —¿Por qué firmó el traslado para el hospital de Francia sin avisarme? El interrogatorio la dejó temerosa; ella bajó el rostro y comenzó a acariciar los nudillos de sus dedos. —Yo no quería alejarme de mi hijo... —Las lágrimas brotaban del rabillo de sus ojos. —Usted quiere tomar la custodia de mi hijo y a su prometida no le gusta la idea de tener a Bryan cerca... —Se silenció; ya había dicho más de lo que debía. —¡Yo ya sé todo! —Él cerraba y abría las manos al proferir cada palabra. —Encontré su bolso en medio de las cosas de Beatrice —reveló mientras continuaba mirando el reflejo de la mujer en el vidrio. Claro que Kevin estaba poniendo a prueba su lealtad. —Solo quería proteger a mi hijo... —No voy a permitir que nadie maltrate a Bryan —afirmó el padre protector, determinado. Acariciándose los brazos, ella encaró la espalda ancha del señor Harrison. Aún no sabía qué rumbo tomaría su vida después de aquella conversación. —Prometo que no voy a intentar escapar de nuevo. Por favor, déjeme estar cerca de mi hijo... Tras el intento de fuga frustrado, Justine sabía que su exmarido ya tenía más de lo que necesitaba para usar durante la pelea judicial por la custodia del niño. En aquel momento, la batalla estaba perdida, pero Justine no tenía intención de rendirse y perder la guerra. Girando sobre sus talones, él la haló para más cerca, de manera que sus cuerpos quedaran pegados, y la apretó en sus brazos, apoderándose enseguida de sus labios calientes. Por un momento, se abandonó en los fuertes brazos que la sujetaban. Al halarla para más cerca, él capturó sus labios en un beso sofocante. La lengua entraba en su boca, saboreando cada rincón hasta su garganta. Una corriente eléctrica recorrió su columna vertebral, despertando un deseo avasallador.






