—¿Por qué está siendo irrespetuoso con la esposa de mi primo? —la voz de Carol estaba cargada de autoridad.
—No lo estoy, señora jueza… creo que usted escuchó mal… —el semblante de Alessandro era inescrutable al hablar.
—Váyase de aquí y llévese con usted a esos guardias de Kevin.
—Pero fue el señor Harrison quien pidió que las acompañáramos —replicó el asistente.
—Tengo guardaespaldas competentes que pertenecen a la policía, no necesito sus servicios —enfatizó Carol.
Tras echar una rápida