Esa noche, el salón de fiestas del hotel estaba iluminado como un cuento de hadas. Kevin estaba en una esquina, observando la escena con una mirada distante. Parecía estar allí, pero su mente estaba lejos, vagando por un laberinto de pensamientos inquietos. La visión de su novia emocionada no parecía tocar su corazón con la intensidad que debería.Beatrice se acercó a él, radiante con un impresionante vestido de novia, la sonrisa en su rostro sincera y llena de expectativas. Sin embargo, el brillo en los ojos de Kevin estaba ausente, como si una nube oscura flotara sobre él.—¿Estás bien, querido? —preguntó Beatrice, poniendo su palma sobre la de Kevin, sacándolo de su trance.Kevin la miró, tratando de esconder la turbulencia interior, y luego sonrió, una sonrisa que parecía más forzada que genuina.—¡Sí! —afirmó con firmeza. —¿Por qué?—Pareces distante. —Retiró su mano y lo miró con preocupación. —Relájate, hoy es un día especial.No había forma de que Kevin pudiera relajarse despu
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