La felicidad tiene una inercia peligrosa. Cuando eres feliz, realmente feliz, tiendes a bajar la guardia. Crees que el universo ha entrado en un equilibrio kármico, que has pagado tus cuotas de sufrimiento y que ahora te toca disfrutar de los dividendos.
Joe Kensington caminaba por el pasillo del piso 49 de la Torre Cavendish con esa inercia en sus pasos.
Eran las ocho de la mañana del día después de la gala. La prensa seguía delirando con la "Pareja de Oro". Las acciones habían abierto con un