El lunes amaneció sobre Londres con una niebla espesa y gris, el tipo de clima que parece filtrarse a través de los cristales y asentarse en los huesos. Para el personal de Cavendish Global, la atmósfera dentro del rascacielos no era mucho más cálida. Los rumores corrían por los pasillos a la velocidad de la luz, mutando con cada susurro: el ex-marido había intentado robar la empresa, la boda del año estaba en pausa, el Duque había huido a Suiza por "negocios urgentes". La incertidumbre era un