La pista del aeródromo privado de Biggin Hill estaba bañada por la luz espectral de los reflectores halógenos y azotada por un viento nocturno que cortaba como cuchillas. Los neumáticos del Mercedes blindado de Maxxine chirriaron contra el asfalto cuando el coche frenó bruscamente, bloqueando parcialmente el acceso a la zona de despegue VIP.
Pero llegaron treinta segundos tarde.
A unos cien metros, los motores de un jet Gulfstream G650 ya rugían con una potencia ensordecedora, preparándose para