El sonido de una reja cerrándose es definitivo. Es un golpe metálico que resuena no solo en los oídos, sino en la columna vertebral, marcando la frontera entre el mundo de los vivos y el mundo de los olvidados.
Joe Kensington conocía el sonido del lujo: el tintineo del cristal de Baccarat, el ronroneo del motor de un Aston Martin, el susurro de la seda al caer al suelo. Pero ahora, sentado en el catre duro de la celda de detención número cuatro de la comisaría de Westminster, descubrió que el s