41. Un recuerdo pasajero
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Ella se mueve, intenta zafarse, empuja con las manos contra su pecho, pero él la rodea con un brazo fuerte, manteniéndola atrapada.
—Cariño —dice con una sonrisa peligrosa—, si sigues moviéndote así, no puedo asegurar que me controle… sin importar quien nos vea.
Las palabras la atraviesan como un latigazo.
Elise se queda inmóvil.
Intenta alejarse apenas, pero el agarre de Kristian se afianza más. Su cuerpo reacciona antes que su mente y, en ese movimiento mínimo, siente la dureza contra su muslo. El calor. La evidencia.
Se congela por completo.
—Kristian… bájame —dice entre dientes, las mejillas ardiendo, las manos cerradas en puños—. Ahora.
Él suelta una risita baja, claramente divertido por su reacción.
—Jack —dice entonces—, conduce.
El auto arranca.
Elise no se mueve un centímetro más durante todo el trayecto.
Sigue sentada en el regazo de Kristian, rígida como una estatua.
—¿Ya terminaste tu berrinche? —pregunta él, rompiendo el silencio.
—Bájame —responde ella s