42. Segundo al mando
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—Mi señora —dice Skull con voz grave al otro lado de la línea—. Hemos estado investigando a la rata que se coló en la organización. Es como si el mismo diablo se lo hubiera llevado, aún seguimos buscando pistas.
Skull era un indio de piel morena, cabello largo atado en una coleta alta con tatuajes en casi todo su cuerpo, alto, musculoso, ese aire sereno que lo caracterizaba y era la mano derecha de Freyja… hacia su trabajo sucio sin titubeos, haría cualquier cosa por esa mujer que era como su familia. La única que tenía.
Freyja se mantiene de pie junto al ventanal del apartamento temporal que ocupa en la capital. Afuera, la ciudad se mueve con normalidad, ajena al submundo que ella gobierna desde las sombras. Lleva el teléfono apoyado en el hombro mientras limpia con calma su arma.
—No me importa dónde esté —responde sin alzar la voz—. Maddox tiene que aparecer. Lo quiero muerto y su cabeza en bandeja de oro ¿Lo entiendes, Skull?
Hay un breve silencio. Skull no suele titubear, pero