EPÍLOGO – La boda que nos debemos
Han pasado algunos meses.
La vida no es tranquila. Tampoco lo será jamás. Pero ahora es estable, y esa diferencia se siente en los detalles pequeños: desayunos sin llamadas urgentes, reuniones que terminan a la hora prevista, noches que no están marcadas por la palabra “crisis”.
Elise divide su tiempo con precisión entre el laboratorio y Ethan. Sus investigaciones avanzan con reconocimiento internacional, pero ella sigue siendo la primera en llegar y la última