40. Sin advertencia
40. Sin advertencia
No hay advertencia, no hay palabras, no hay burla. Solo acción pura. Le clava los dedos en la tráquea con precisión quirúrgica, empujándolo contra la pared. El impacto le saca el aire. El hombre intenta gritar, pero solo emite un sonido húmedo, ahogado.
Ella no se detiene.
Su rodilla se eleva y golpea con fuerza exacta el abdomen. El cuerpo del hombre se pliega por instinto. Freyja aprovecha el segundo, gira su muñeca y saca una hoja corta, afilada, que tenía escondida en el muslo. El acero brilla apenas bajo la luz amarillenta del foco roto.
El hombre intenta retroceder. Tropieza.
—Espera… —alcanza a decir, con voz rota—. Podemos…
Freyja no escucha. O no le importa.
Le corta la arteria femoral sin dudar. El movimiento es limpio, experto. La sangre brota de inmediato, caliente, oscura, empapando el suelo. El hombre cae de rodillas, los ojos abiertos de par en par, la boca moviéndose sin sonido.
Intenta arrastrarse. Sus manos resbalan en su propia sangre.