Regina se quedó a almorzar.
Nadie la había invitado, o tal vez sí, y Clara no se había enterado porque la invitación no había pasado por ella. Ese detalle describía con precisión todo lo que todavía quedaba sin decir en esa familia: las decisiones seguían ocurriendo alrededor de Clara, no con Clara. Cuando bajó después de la conversación de la mañana y encontró la mesa del comedor preparada para cinco personas, con Isabela sentada junto a Tomás como si llevara semanas almorzando ahí, entendió qu