La palabra siguió resonando durante días, instalada en algún lugar del pecho de Clara con la persistencia de una astilla que no termina de salir. Egoísta. La había escuchado antes, dirigida contra ella en distintas versiones a lo largo de los años —desconsiderada, fría, dura—, pero nunca de manera tan directa, tan despojada de rodeos, como en boca de su propia madre.
Se sorprendió a sí misma repitiéndola en silencio mientras trabajaba, mientras cocinaba, mientras se quedaba dormida, examinándol