Clara necesitaba volver a leer la fotocopia.No la imagen guardada en su teléfono ni la captura enviada a su correo. Necesitaba el papel, el original, la copia de la nota de Isabela con aquellas frases que la habían empujado al cuarto prohibido.Si quieres saber adónde fue tu hermana, deja de mirar hacia adelante. Empieza por el cuarto que le prepararon.Lo había escondido en el libro más grueso del estante alto, entre las páginas doscientas doce y doscientas trece. Un escondite aprendido en la infancia, cuando sus cosas desaparecían del cuarto y aparecían en el de Isabela sin que nadie considerara necesario pedir explicaciones.El libro estaba; la nota, no.Clara revisó una vez, después otra. Sacó todos los libros del estante, los abrió, los agitó, buscó detrás del mueble, debajo del colchón, en el cajón del tocador, dentro de la maleta. No gritó. No lloró. Buscó con una calma tan rígida que casi no parecía calma.La fotocopia había desaparecido.Alguien había sabido exactamente dónde
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