Isabela ocupó el sillón azul del salón principal el miércoles por la tarde.
No el sillón gris junto a la ventana, no la butaca del corredor lateral ni ninguno de los muchos asientos que tenía esa mansión con espacio suficiente para que cada persona encontrara el propio. El sillón azul. El que Clara había elegido instintivamente desde las primeras semanas porque era el único lugar del piso de abajo donde podía sentarse sin que hubiera encima un cuadro de los Moretti, un jarrón de Emilio o un obj