—Una niña Moretti necesita ciertas garantías —dijo Emilio, dejando una carpeta delgada sobre la mesa de la sala como si fuera un objeto cotidiano y no una amenaza envuelta en papel—. No estoy aquí para discutir sentimientos, Clara. Estoy aquí para hablar de estructura.
Había llegado sin avisar, como solía hacer Regina, aunque con menos interés en fingir cortesía. El conserje lo había dejado subir por costumbre, por apellido, por esa clase de autoridad que algunos hombres ejercían incluso antes