—Tengo miedo de que la conviertan en algo que no es —dijo Clara, con la fotografía de la ecografía todavía sobre la mesa de la cocina, dos días después de la visita de Emilio—. En una heredera, en una moneda de cambio, en la prueba de que la familia Moretti sigue teniendo derecho sobre mi vida aunque yo ya no viva bajo su techo.
No había dormido bien desde esa visita. Cada vez que cerraba los ojos, veía la carpeta delgada sobre la mesa, imaginaba abogados discutiendo el futuro de su hija en sal