Clara llamó a Isabela esa misma semana, por decisión propia y no por presión de nadie, y la conversación —breve, cordial, sin grandes revelaciones— pareció bastar para calmar el estado de crisis que Regina había descrito por teléfono. No bastó, sin embargo, para calmar a Regina misma, que interpretó ese gesto como una puerta abierta y decidió aparecer sin avisar, dos días después, con el argumento fresco de que la familia necesitaba una reunión para sanar de verdad.
Leonardo estaba en el depart