La mañana siguiente al incidente del teléfono fue una procesión de silencios cargados de estática, el aislamiento que Sebastián había prometido no era una amenaza vacía, Marcus había confiscado cada objeto que pudiera conectar a Clara con el mundo exterior, dejando la suite nupcial como una caja de cristal donde el tiempo parecía haberse detenido.
A las seis de la tarde, la puerta se abrió de golpe, no fue el servicio con la bandeja de comida neutra, sino Sebastián, caminaba con una elegancia