La estructura del Instituto Cavalli para la Salud Visual se alzaba en el centro del distrito médico como una joya de transparencia, construido enteramente con cristales inteligentes y acero blanco, el edificio parecía capturar cada rayo de luz solar para distribuirlo en su interior, no era solo un hospital; era el centro de investigación oftalmológica más avanzado del continente, financiado íntegramente por la reestructuración de los activos que Sebastián había recuperado de las manos de Lucía