La mansión Cavalli había dejado de ser un mausoleo de mármol frío para convertirse en un hogar, las pesadas cortinas de terciopelo que antes ocultaban los secretos de Lucía habían sido reemplazadas por lino ligero que permitía que la luz del sol bailara en los pasillos, pero el cambio más profundo no estaba en las paredes, sino en el jardín.
Era una tarde dorada de finales de verano el aire olía a jazmín y a tierra mojada, el mismo aroma que Clara recordaba de aquellas noches de angustia cuand