La suite de la mansión Cavalli se había convertido en un centro de operaciones silencioso, tras la revelación de los documentos encontrados en la biblioteca, el aire entre Sebastián y Clara había cambiado, ya no había la fricción del captor y la presa; ahora existía la tensión eléctrica de dos conspiradores que saben que el suelo que pisan está minado.
Sebastián pasaba horas en silencio, sentado frente al ventanal, procesando la idea de que su tía Lucía, la mujer que lo había sostenido en el