GAEL
Habían pasado varios días desde la última vez que la vi.
Días en los que no podía sacarla de mi cabeza.
Sus ojos, su risa, la forma en que decía mi nombre con esa voz suave y peligrosa a la vez.
Cada maldito segundo que pasaba sin ella me pesaba.
Por eso decidí hacerlo.
Dar el siguiente paso.
Respiré hondo y caminé hacia la oficina de Lia.
Ella estaba revisando unos informes, concentrada, cuando toqué la puerta.
—Lia.
Levantó la vista, sonrió apenas.
—Gael, dime.
—Vengo a hablar de Anna.
S