ADRIANO
La vi sonreír.
No una sonrisa cualquiera, sino esa que nacía desde adentro, como si el mundo entero por un instante dejara de pesarle. Estaba sentada en una banca, el cabello recogido a la ligera y los ojos encendidos con un brillo distinto… un brillo que me mataba porque yo no era la causa.
Desde el coche, a la distancia, observé cómo se levantó con paso rápido, como si tuviera un destino claro aunque su sonrisa no se borraba. La seguí despacio, manteniendo siempre unos metros entre no