DALIA
El sol caía de lleno sobre el campus, tiñendo de oro los muros claros y el césped recién cortado.
La universidad, a esa hora, estaba llena de voces, pasos apurados y el sonido metálico de las bicicletas encadenándose en los aparcamientos.
Yo caminaba con la carpeta apretada contra el pecho.
Entre las hojas que llevaba, sobresalían las cuentas de este mes: la mensualidad de la carrera, el recibo de luz y el de internet.
Los números bailaban en mi cabeza como un recordatorio cruel: si alg