DALIA
— Papito, sé que tú me ayudas desde el cielo, gracias por esta beca, no sabes lo feliz que estoy de que al fin podré estudiar sin pensar si podré pagar o no.
Le limpiaba el polvo que se había acumulado mientras sacaba las dalias secas que se habían marchitado cambiándolas por nuevas.
Hablé con él contándole todo, y lo feliz que estaba por la beca hasta que escuché una voz.
—¿Dalia? — Me giré y vi a mi amigo que hace casi un año no veía.
—¡Jimmy! — grité y me tiré a sus brazos.
—Supe que t