DANTE
No me gustan las sorpresas. Prefiero el orden, las cosas en su lugar, saber qué esperar. Por eso, cenar con mi mamá en Milán siempre me calma.
Ella es mi ancla, la única persona que me conoce de verdad, y yo me preocupo por ella más de lo que admito.
Esa noche, después de un viaje corto desde el pueblo, me senté frente a ella en un restaurante discreto, uno de esos sitios caros, pero sin pretensiones que a ella le gustan. La luz suave de las lámparas caía sobre su rostro, y noté cosas. Ha