DANTE
El zumbido en mi cabeza es un rugido, la sangre goteando por mi labio, mi cuerpo temblando de rabia y dolor. Damiano Moretti, ese hijo de puta, tiene a Serena en su hombro, su cuerpo inerte, la sangre corriendo por su frente, manchando su vestido negro. Está en el pasillo, a pasos del ascensor, su risa fría cortando el aire mientras se burla de mí, sus ojos oscuros brillando como los de un depredador.
—¡No te atrevas a tocarla! —grité, pero mi voz se quiebra, mis piernas ceden, el golpe en mi cabeza y el dolor en mi costilla me clavan al suelo. No puedo dejar que se la lleve. No puedo—. ¡Serena! —rujo, mi voz desgarrada, un grito que retumba en el pasillo, sacudiendo mi propio cuerpo.
Reúno cada maldita gota de fuerza, mis manos temblando contra el suelo, la sangre goteando en el piso. Empujo, mis músculos gritando, y me levanto, tambaleándome, el mundo girando, pero mis ojos fijos en ellos. Damiano entra en el ascensor, su risa resonando, una burla que me quema.
—¡Pobre imbécil