Cinco años desde que dejé Milán en cenizas, desde que Damiano se pudrió tras las rejas, desde que me convertí en la mujer que siempre quise ser: libre, amada, mía.
Ahora el olor a antiséptico se mezcla con el sudor en mi piel, y estoy a punto de partirme en dos.
Mis gemelos, dos pequeños terremotos que no paran de patear, están listos para salir, y yo, entre contracciones, gruño como una leona, mi mano apretando la de Dante hasta que sus nudillos palidecen. Él está a mi lado, magullado por la v