SERENA
El avión desciende, el rugido de los motores apagándose mientras las ruedas tocan la pista, el cielo turquesa de Santorini extendiéndose más allá de la ventanilla.
Mi cabeza, aún vendada, late con un dolor sordo, pero la vista del mar destellando bajo el sol me arranca una sonrisa, una chispa de libertad que no sentía en meses. Dante está a mi lado, su mano envolviendo la mía, sus dedos ásperos rozando mi piel, su presencia un ancla en este salto al vacío.
Hemos dejado Milán atrás, a Dam