DANTE
Llevo dos días en casa de mi madre, escondido en esta habitación que huele a madera vieja y a los guisos que ella sigue cocinando como si yo tuviera quince años. No quería estar solo en mi casa, no después de lo de la Mansión Moretti, no después de ver a Serena y sentir cómo todo se me vino abajo otra vez.
Lo peor de todo es que ni siquiera entiendo por qué, es lo que más me molesta.
Pero aquí estoy, tirado en la cama de mi adolescencia, las cortinas cerradas, el mundo afuera reducido al