DANTE
El turno termina tarde, como siempre, el restaurante vacío.
Mis empleados se marchan uno a uno, sus risas y despedidas perdiéndose en la noche mientras yo me quedo en la barra. Tomo una copa del estante, una botella de tinto que abro con un giro rápido, y me sirvo hasta la mitad. El líquido brilla bajo la luz tenue, y me siento en un taburete, mis hombros pesados, mi cabeza todavía dando vueltas con el vacío que no me suelta desde hace semanas. Doy un sorbo, el vino calentándome la gargan