SERENA
La cena empieza como un juego que ya domino: sonrío, sirvo vino, dejo que los invitados de Damiano llenen el aire con sus risas y sus historias de negocios.
La Mansión Moretti está viva esta noche, las velas parpadeando, el lago reflejándose en las ventanas como un espejo negro. Pero cuando el primer plato llega a la mesa, un risotto de trufa que se deshace en la boca, algo se quiebra dentro de mí. El sabor me golpea como un recuerdo que no quiero tocar: cremoso, rico, con ese toque exac