El sol de la mañana se filtraba por las ventanas del auto, pintando destellos dorados en el salpicadero de cuero pulido. Liana observaba la ciudad pasar, un torbellino de cristal y acero que se sentía a la vez familiar y ajeno. A su lado, su prima Sofía Cavalli, una mujer de unos treinta años con una elegancia innata, revisaba su teléfono con una despreocupación que Liana envidiaba. En el asiento de atrás, la niñera, una joven de sonrisa dulce llamada Clara, sostenía a Oliv en su regazo. La niñ