El amanecer de Liana como una nueva mujer no llegó con una explosión, sino con un silencio. Habían pasado dos semanas desde que decidió desaparecer, dejando atrás la farsa de su vida anterior sin mirar atrás. El silencio había sido su mejor aliado, un manto de invisibilidad que la protegía mientras el mundo de los Carlucci se desmoronaba lentamente. Massimo, el hombre que la había llamado una "sombra", se encontraba ahora en un torbellino de incertidumbre. La ironía era palpable: el hombre que