Bianca se encontraba frente a Santiago, quien sostenía la taza de chocolate que ella le había ofrecido. Él le dio un sorbo y luego la dejó en el centro de la mesa, mientras la miraba con esos ojos verdes que siempre le habían parecido tan genuinos y cálidos. Bianca, aún procesando la sorpresa de su visita, le dijo:
—No tenía idea de que estabas aquí en el país.
Santiago le dedicó una sonrisa amplia, de esas que iluminaban su rostro.
—Estoy aquí porque voy a llevar a cabo una exposición de arte,