Una vez que se encontró a solas en su departamento, a Bianca le resultó irreal la visita inesperada de Santiago. Verlo después de tanto tiempo la había hecho sentir bien, pero al mismo tiempo, se sintió comprometida a ser lo más amable posible para no herir sus sentimientos.
Tomó su teléfono y le hizo una llamada de larga distancia a Lorena.
—Hola, Bianca, ¿cómo está todo? Estaba a punto de comer. Cuéntame qué ha sucedido —la animó, con su voz alegre de siempre.
—Lorena, creo que no debiste darle mi dirección a Santiago —expresó Bianca, un poco de enojo en su voz—. Se presentó hace un momento en mi departamento. Ya sabes que entre nosotros no va a pasar nada, entonces, ¿por qué le diste mi dirección?
Lorena sintió el enojo en la voz de Bianca y se sintió culpable por tomar una decisión sin consultarla antes.
—Lo siento mucho, Bianca. No tenía la intención de que te sintieras incómoda, pero me lo pidió tanto, insistió demasiado. Ya sabes lo que pienso sobre Santiago. Es un hombre incr