— ¡Oigan, ustedes! — Liam llamó a los escoltas que habían estado cuidando de Ania y que habían ayudado a traerla a la clínica.
— ¡Sí, señor! — Se acercaron los dos hombres.
— Necesito que me digan, cuando ustedes acompañaban a Ania y Alicia por el pasillo, hacia la salida, ¿Escucharon algo de lo que ellas hablaban? — Preguntó Liam, mostrando una expresión que daba miedo.
— No, señor. — Respondió uno sin dudarlo.
— Señor, tanto la señorita Alicia, como la señora Ania, estuvieron todo el cami