En el auto de Liam, ambos viajaban en un incómodo silencio, mientras que el chófer conducía más atrás el auto que había traído a Ania.
Ella había querido volver con el chófer, pero Liam la tomó de la mano y la llevó directo a su auto y ella no se atrevió a quejarse.
— Lo siento… — Soltó Liam repentinamente.
— ¿Qué? — Ania lo observó, desde el asiento del copiloto.
— Yo… Pensé mal y… No es que haya desconfiado de ti, pero sí de él… Tuve miedo y pensé que… — Murmuró Liam, sin dejar de mirar