Mundo ficciónIniciar sesiónAccedí casarme con el hombre más poderoso, millonario e influyente del mundo empresarial arquitectónico, para salvar de la quiebra a mi familia. Ocho meses después estoy esperando un hijo suyo, sin saber que un día mi hermanastra y él me traicionarían. Ellos me arrebataron todo, mi vida, mis sueños y mi hijo. Cuatro años después… estoy de vuelta. —Digas lo que digas, sigues siendo mía. —Es una lástima que vivas en el pasado, porque ¡vine a recuperar a mi hijo!
Leer másEMMACuando despierto, por un segundo creo que me he muerto, era lo normal y lo más obvio, luego de recibir el disparo que tiñó de rojo mi ropa, pero no, poco a poco estudié mi entorno y me di cuenta de que se trataba de la habitación de un hospital, lo que me dejó más tranquila. —Por fin despiertas. Esa voz… Miro hacia mi derecha y me encuentro con los ojos de Duncan, unos que se ven que no han dormido, intento incorporarme para preguntarle qué ha pasado, pero él me lo impide y el dolor que siento en mi vientre. —Tuvieron que operarte de emergencia, pero tranquila, siento mucho no haberme dado cuenta del peligro al que nos exponemos de esa manera. Niego con la cabeza. —Estás con vida, al parecer los que nos atacaron era solo un grupo pequeño de mercenarios que iba por la zona, al parecer nuestro contacto en Turquía, nos dio mal las coordenadas de nuestro enemigo, así que fuimos a dar directo a una trampa mortal. Me lamo los labios. —¿Qué ha pasado conmigo? Entonces su mirada
EMMAMe cuesta respirar, me cuesta trabajo creer que esto de nuevo está pasando, solo que esta vez no está Duncan viendo, solo estamos los dos solos en medio de la anda y de la oscuridad, la cual se ve menos tenebrosa con la luz de la luna. Estoy a nada de decirle que se aparte, pero la mirada llena de acusación de Duncan, hace que la cabeza me duela y que nazca en mí, un deseo de venganza que jamás había experimentado. —Emma —dice Eros en un tono sugerente. Pero no me muevo, no quiero que piense que tiene todo el derecho de tratarme como una opción de regreso, así que si vamos a hacer esto, va a ser a mi ritmo, no al de él. Así de fácil. —Fóllame —sugiero con poca amabilidad. Eros gruñe mordiendo mis labios y siento cómo sus manos van descendiendo poco a poco hasta llegar a mis caderas. —No tienes idea de cuánto te deseo, Emma —besa mi cuello. Duncan prefirió creerle a María, prefirió pensar que esto estaba sucediendo entre Eros y yo, ahora se lo haré realidad, siento como su b
EMMASe ha vuelto loco, eso es en lo primero que pienso en cuanto las palabras de Duncan resultan ser un golpe para mí, una sonrisa de triunfo para María, y el que el ministro haya palidecido solo por unos segundos, espero cualquier reacción de todos, pero me es imposible, ya que de algún modo, enseguida el ministro suelta una risotada que nos descoloca a todos. —Dios, coronel Duncan, jamás imaginé que esto se tratara de una broma de mal gusto —ríe el pobre hombre entre dientes. La sonrisa se le borra del rostro a María, yo dejo de respirar, los únicos que parecen tranquilos, son el ministro y Duncan, las cosas son tan obvias, tan claras, él y yo acabamos de tener sexo, pero al parecer eso no le importa al ministro. —Por supuesto —sisea Duncan y noto que tensa la mandíbula con tanta fuerza, que la acción me duele hasta los huesos. —Señor… —María se acerca con el móvil en la mano. Pienso que con eso se acabó todo, porque le mostrará el video en donde Duncan y Eros estaban peleando
EMMAHay una cosa que odio más en el mundo, y son los chantajes, uno como el que me está proponiendo en estos precisos momentos, María, quien no deja de sonreír mientras sostiene de manera burlona, las pruebas, sé que la gente de la cafetería no va a hablar, ese terreno ya está cubierto por Duncan, pero el que el ministro se entere, al parecer me toca a mí. ANTES—¿Entonces? —insista.—Eres una arpía. Su sonrisa se ensancha más y las dudas me surgen. —No soy tonta, los he estado investigando desde la noche en tu cumpleaños, sé que era el prometido de tu hermana mayor, Nayel York, pero por razones que no sé, ni quiero saber, ellos solo terminaron —da un paso adelante con todo el altanerismo que una persona podría tener—. Y también estoy enterada de que estás follando con él. Tenso el cuerpo. —Eso no es verdad. —Basta, Emma, debes ser muy idiota como para no darte cuenta de las miradas que te avienta, soy muy observadora —sisea y comienzo a perder la cabeza. Me quedo callada, ana
Último capítulo