EMMA
Hay una cosa que odio más en el mundo, y son los chantajes, uno como el que me está proponiendo en estos precisos momentos, María, quien no deja de sonreír mientras sostiene de manera burlona, las pruebas, sé que la gente de la cafetería no va a hablar, ese terreno ya está cubierto por Duncan, pero el que el ministro se entere, al parecer me toca a mí.
ANTES
—¿Entonces? —insista.
—Eres una arpía.
Su sonrisa se ensancha más y las dudas me surgen.
—No soy tonta, los he estado investigando