El Salón de los Escudos, la cámara más antigua del Parlamento de Argemiria, resplandecía bajo la luz que se filtraba por sus vitrales centenarios. Los escudos de armas de las familias nobles que habían servido al reino durante generaciones colgaban de las paredes, testigos silenciosos de siglos de intrigas políticas. Hoy, sin embargo, el ambiente era particularmente tenso.
Anya observaba desde una galería elevada, lugar reservado para asesores y consejeros sin derecho a voz ni voto. Abajo, el r