El Gran Salón de Justicia de Argemiria resplandecía bajo la luz que se filtraba por los vitrales centenarios. Nunca antes sus paredes habían contenido tanta tensión. Las cámaras de televisión, dispuestas estratégicamente, transmitían en directo a todo el reino un acontecimiento sin precedentes: el juicio al Canciller Dorne, el hombre que durante décadas había sido la sombra del poder.
Anya ocupaba un lugar en la primera fila de asientos, junto a la familia real. Su corazón latía con fuerza mien