El salón de conferencias del ala este del palacio se había transformado en un estudio improvisado. Cámaras, luces y un equipo de asesores de imagen rodeaban a Thalia, quien permanecía sentada con la espalda recta y las manos entrelazadas sobre su regazo. Su vestido azul pálido contrastaba con la palidez de su rostro, que a pesar del maquillaje profesional, no lograba ocultar las sombras bajo sus ojos.
Anya observaba desde un rincón, apoyada contra la pared. Llevaba tres horas tomando notas sobr