Mundo ficciónIniciar sesión1. Sinopsis Profesional Kira Valdés lleva una vida que nadie imaginaría. De día, es una brillante estudiante de medicina en Nueva York, decidida a convertirse en cirujana. De noche, lucha en peleas clandestinas para pagar sus estudios y sobrevivir en una ciudad que nunca regala nada. Todo cambia cuando, durante una pelea ilegal, conoce a Adrián Valcázar, un poderoso empresario… y uno de los principales financiadores de su universidad. Adrián debería denunciarla. En cambio, decide acercarse a ella. Lo que comienza como una curiosidad peligrosa pronto se convierte en una atracción imposible de ignorar. Pero Adrián guarda secretos. Enemigos poderosos. Un pasado que lo persigue. Cuando el nombre de un mafioso internacional comienza a rodearlos, Kira descubre que el mundo de Adrián es incluso más peligroso que el suyo. Entre hospitales, peleas clandestinas, traiciones familiares y un amor que desafía la lógica, Kira tendrá que decidir: ¿Salvar vidas… o luchar para proteger la suya?
Leer más## Un momento de tensiónLa situación se había vuelto insostenible, y la atmósfera estaba cargada de emociones que amenazaban con desbordarse. No esperé más. Lo empujé con una fuerza que no sabía que tenía dentro. Todo mi ser gritaba que lo hiciera, aunque una parte de mí, más racional, sabía que estaba cometiendo un error del que tal vez no habría vuelta atrás.—Esto es un error —dije con voz temblorosa, intentando que mis palabras sonaran firmes y seguras, mientras mi corazón latía desbocado, tamborileando con fuerza en mi pecho.Adrián, con su mirada profunda como un océano infinito, no vaciló. Sus ojos, oscuros y penetrantes, me mantenían atrapada en un mar de emociones contradictorias. —Entonces aléjate —replicó, su voz era un desafío, una llamada a tomar una decisión que sabía no podía tomar.Mi corazón latía con fuerza, y en un susurro apenas audible, respondí: —No puedo.Él frunció el ceño, una expresión que era una mezcla de frustración y algo más que no pude identificar, qui
El sonido del ring desapareció, dejando un silencio inquietante que llenó el aire entre nosotros. En ese instante, solo existíamos él y yo, como si el mundo hubiera dejado de girar momentáneamente. Sus ojos estaban fijos en los míos, una mirada penetrante que parecía atravesar todas mis defensas. Sentía mi corazón latiendo con tanta fuerza que temía que él pudiera escucharlo.—No vuelvas a hacer eso —dije, descendiendo de mi nube de emociones con un susurro firme.—¿Qué cosa? —preguntó Adrián, su tono curioso pero desafiante.—Marcar territorio —respondí, tratando de mantener mi mirada firme.Adrián dio un paso hacia mí, reduciendo la distancia que nos separaba.—No lo hice —aseguró, sin apartar la vista.—Claro que sí —insistí, sintiendo una mezcla de frustración y confusión.—Solo dije la verdad —replicó con una calma que me desconcertó.—No es tu verdad —dije, intentando mantener el control de la situación.—Aún —agregó, con una certeza que me enfureció.Ese comentario fue como un
Regresé al ring, un lugar que prometí no volver a pisar, pero la sed de control me superó, impulsándome a desafiar mis propias decisiones. La multitud rugía con una energía electrizante, el ambiente estaba cargado de una tensión casi palpable, como si una tormenta inminente estuviera a punto de desatarse. No era como antes; había algo diferente en el aire, una sensación indescriptible que me envolvía. Ascendí al cuadrilátero, enfrentándome a mi rival, un oponente formidable, aunque eso era lo de menos en ese momento. La adrenalina corría por mis venas, haciendo que el mundo a mi alrededor se desvaneciera, centrándome solo en el presente.Lo percibí antes de verlo. Esa presencia inconfundible, esa energía que irradiaba desde un punto específico en la multitud. Giré la cabeza y ahí estaba él, Adrián, de pie entre el mar de rostros. No estaba solo. Todos los ojos estaban puestos en él, los murmullos llenaban el aire como un susurro colectivo de asombro. El ambiente cambió en un instante,
Nunca lo había visto así. No realmente. Adrián no era solo un empresario; era alguien acostumbrado a la guerra, a la estrategia y a la lucha sin cuartel. Su rostro, que solía mostrar serenidad y confianza, ahora estaba marcado por una tensión que nunca antes había presenciado. Había algo en sus ojos, una intensidad abrasadora que no podía pasar desapercibida. Cada músculo de su cuerpo parecía estar en un estado de alerta, como si estuviera preparado para cualquier cosa que se le presentara.—No puedes enfrentarlo así —dije, intentando que mi voz no revelara la preocupación que sentía en mi interior. Sabía que enfrentarse a un enemigo como ese no era algo que se pudiera tomar a la ligera. Había visto a hombres caer bajo el peso de sus propias decisiones y no quería que Adrián fuera uno de ellos. La idea de perderlo era demasiado dolorosa como para siquiera considerarla.Adrián me miró con una firmeza implacable, una determinación que resonó en la habitación como un eco de voluntad inqu
Último capítulo