Mundo de ficçãoIniciar sessão1. Sinopsis Profesional Kira Valdés lleva una vida que nadie imaginaría. De día, es una brillante estudiante de medicina en Nueva York, decidida a convertirse en cirujana. De noche, lucha en peleas clandestinas para pagar sus estudios y sobrevivir en una ciudad que nunca regala nada. Todo cambia cuando, durante una pelea ilegal, conoce a Adrián Valcázar, un poderoso empresario… y uno de los principales financiadores de su universidad. Adrián debería denunciarla. En cambio, decide acercarse a ella. Lo que comienza como una curiosidad peligrosa pronto se convierte en una atracción imposible de ignorar. Pero Adrián guarda secretos. Enemigos poderosos. Un pasado que lo persigue. Cuando el nombre de un mafioso internacional comienza a rodearlos, Kira descubre que el mundo de Adrián es incluso más peligroso que el suyo. Entre hospitales, peleas clandestinas, traiciones familiares y un amor que desafía la lógica, Kira tendrá que decidir: ¿Salvar vidas… o luchar para proteger la suya?
Ler maisEsa noche, el gimnasio clandestino estaba casi vacío, pero mi mente estaba llena de pensamientos que no me dejaban concentrarme en el entrenamiento. Cada golpe que daba al saco resonaba con la misma cadencia: **Adrián**. *Golpe*. **Petrov**. *Golpe*. **El peligro**. *Golpe*. **Y lo peor… la forma en que Adrián me miraba**.Desde la entrada, Marco, con su figura robusta y su mirada siempre alerta, observaba mis movimientos con atención. —Vas a romper el saco —comentó, con una sonrisa que no alcanzaba sus ojos.Bajé los guantes, sintiendo el sudor frío en mis manos.—No sería la primera cosa que rompo aquí —respondí, intentando mantener la ligereza en mi voz.Marco dejó escapar una risa baja, pero su expresión se tornó seria rápidamente.—Tienes otra pelea mañana —me recordó, y asentí con la cabeza.—Lo sé.—Pero hay algo que deberías saber.Sus palabras me hicieron alzar la mirada, buscando respuestas en su rostro.—¿Qué cosa? —pregunté, sintiendo un nudo formarse en mi estómago.Marc
Esa noche apenas logré conciliar el sueño. Cada vez que intentaba cerrar los ojos, la misma escena se repetía en mi mente: los hombres en el restaurante, el nombre Petrov resonando como un eco sin fin, y la mirada serena de Adrián, como si aquello fuera solo un capítulo más en su vida cotidiana. Lo más inquietante era que, a pesar del peligro que intuía, no podía dejar de pensar en él.## En el hospitalA la mañana siguiente, llegué al hospital universitario mucho antes de lo habitual. El aroma familiar a café barato y desinfectante me dio la bienvenida, asegurándome que estaba de vuelta en mi lugar seguro, en mi mundo real.—Kira, llegas temprano —comentó Liam, uno de los internos más cercanos a mí, mientras hojeaba algunos expedientes con aire distraído.—No dormí mucho —admití, intentando sonar casual.—¿Exámenes? —preguntó sin apartar la vista de los documentos.—Algo así —respondí, tratando de restarle importancia.Me puse la bata y me preparé para enfrentar la ronda de pacientes
El silencio en el restaurante era incómodo, casi palpable. Las luces tenues del lugar acentuaban la tensión que se respiraba en el ambiente. Las conversaciones alrededor se reanudaron tímidamente, como si las personas intentaran convencerse de que nada extraño había ocurrido, pero todos sabíamos que una sombra había cruzado la velada. Yo sentía lo mismo. Apoyé los codos en la mesa y clavé mi mirada en Adrián, que permanecía impasible.—Creo que ahora merezco una explicación —dije, rompiendo el silencio.Adrián levantó la copa de vino y la giró lentamente, observando el líquido con una calma que me resultaba exasperante, especialmente después del incidente que casi se desata en medio de aquel restaurante elegante.—No es nada que debas preocuparte —respondió con una tranquilidad que me pareció casi ofensiva.Solté una risa sarcástica.—Tres hombres vinieron a buscarte mencionando a un mafioso y dices que no debo preocuparme.Adrián dejó la copa sobre la mesa con un suave sonido de cris
La opulencia del restaurante me golpeó como una ola inesperada. No estaba acostumbrada a semejante lujo, a ese ambiente donde todo parecía demasiado elegante, demasiado silencioso, demasiado caro. Yo, que pasaba más tiempo entre las paredes frías de un hospital caótico o en sótanos llenos de apuestas clandestinas, me sentía como un pez fuera del agua en ese lugar donde una copa de vino costaba lo mismo que una semana de comida. Sin embargo, Adrián parecía completamente en su elemento, como si esos ambientes lujosos fueran su segunda naturaleza.—Estás incómoda —dijo, observándome con esa mirada penetrante que parecía ver más allá de lo evidente.—Un poco —respondí, intentando mantener la compostura.—No tienes por qué estarlo —insistió con una sonrisa tranquilizadora.Solté una pequeña risa, una mezcla de nerviosismo y resignación.—Claro. Solo estoy cenando con un hombre que podría expulsarme de la universidad si quisiera.—No voy a hacer eso —replicó con tal seguridad que, por un in
Acepté la cena. Todavía no sé exactamente por qué. Tal vez fue curiosidad. Tal vez miedo. O tal vez porque algo en su mirada me decía que negarme solo complicaría más las cosas. Había algo en su porte, en la manera en que se movía, que me inquietaba profundamente, pero al mismo tiempo me atraía como un imán.—Bien —dijo cuando asentí—. Mañana a las ocho.—No dije que fuera mañana.—Confía en mí —respondió con una calma irritante—. Mañana será mejor.Lo miré con desconfianza, tratando de descifrar qué se escondía detrás de su aparente tranquilidad.—Ni siquiera sé tu nombre.Pareció divertido por mi pregunta, como si hubiera estado esperando a que lo dijera.—Adrián.Solo Adrián. Como si su nombre no tuviera apellido, como si no necesitara más presentación que esa sola palabra.—Kira —respondí con ironía—. Pero supongo que eso ya lo sabes.Su sonrisa fue casi imperceptible, una mueca de complicidad que me hizo sentir vulnerable.—Lo sé.Hubo un momento de incómodo silencio, un vacío qu
El aire todavía estaba frío en mis pulmones mientras intentaba recuperar el aliento después de la intensa pelea. A mi alrededor, la multitud rugía con entusiasmo, apostando dinero y vitoreando. Sin embargo, entre toda esa algarabía, había una figura solitaria que permanecía en silencio, observándome con una calma perturbadora. Sus ojos no reflejaban la sorpresa o emoción que se veía en los demás; más bien, parecían escudriñarme con una mirada analítica, como si estuviera siendo evaluada.Descendí del ring, sintiendo el sudor correr por mi espalda mientras Marco, con una sonrisa satisfecha, contaba el dinero de las apuestas.—Buena pelea —dijo, entregándome un sobre abultado.Lo guardé en mi mochila sin siquiera mirarlo. No peleo por el aplauso o el reconocimiento. Peleo porque es una cuestión de supervivencia. Mientras me dirigía a los vestidores, percibí nuevamente esa mirada intensa sobre mí. Me detuve y giré la cabeza. El hombre seguía allí, su traje negro impecablemente ajustado,
Último capítulo