El trayecto desde Sterling Trust & Capital hasta la suite del hotel a orillas del lago Lemán transcurrió en un silencio que cortaba la respiración. La gélida noche de Ginebra se estrellaba contra las ventanas del sedán blindado, pero el verdadero invierno estaba dentro del vehículo.
Apenas la pesada puerta de roble de la suite se cerró a nuestras espaldas, la adrenalina que me había mantenido de pie en la oficina de Victoria comenzó a desvanecerse, dejando a su paso una rabia pura y volcánica.