La nota dejada en el salón seguía allí, una mancha de sombra sobre el cristal reluciente, pero al regresar al dormitorio, la imagen de Adrián durmiendo plácidamente me obligó a tomar una decisión: no dejaría que el terror profanara nuestra noche. Aquel mensaje era una intrusión, un intento de romper nuestra paz, pero yo era la Reina de Hielo y esta era nuestra noche. Con un movimiento rápido, oculté la nota en un compartimento secreto de mi escritorio y regresé a la cama.
Me deslicé bajo las sá